Había una vez
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Una casa de montaña con vista al mar

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La abuela dice que los castillos de arena pasaron de moda, ahora inventaremos historias de la basura que encontramos en la playa.

El mar se ve hoy menos espeso. ¿No lo crees? Déjame abrir un poco las ventanas para que se ventile la cabaña. Sabes, siempre quise una casa de montaña con vista al mar. Hoy soy afortunada de haber comprado este terreno, aunque me apoden «La loca de la loma». El día que me tocó escoger entre irme a vivir lejos o la ciudad, lo primero que me pasó por la cabeza fue: ¡No, no y no!, a todo ese concreto, autos y olor a gasolina. Esa fue la mejor decisión que pude tomar en mi vida, aunque ahora todo sea un poco diferente.

Hoy deberían llegar mi hija y mis nietos a pasar el fin de semana. Sí, sí, lo sé. Tengo que recordar ser comedida con mis comentarios. Liu, mi hija, se exaspera y me dice que no termino de aceptar la realidad, que deje de vivir en el pasado. Mi nieta Paulina es un rayo de luz, cada vez que viene a casa le dejo leer mis antiguos diarios. Se fascina con mis historias de cómo era el mundo antes del cataclismo. Teo se queda jugando al aire libre. Lo entiendo. Debe ser un alivio poder salir un poco de esa rutina de encierro. No me imagino lo que debe ser un recreo dentro del salón de clases solo viendo pantallas. Para mí eran difíciles los días de lluvia cuando no podíamos salir al patio de la escuela. ¡Uy! ¿Qué es ese olor? ¡El café! He olvidado que tenía la cafetera encendida. Es la última taza que tomaré hasta que se vayan el domingo. Liu siempre me reclama y me recuerda que los médicos me lo han prohibido, pero es una de las pocas cosas que no saben a plástico y que aún me permito disfrutar.

¡Qué limones tan hermosos! ¿Verdad? Estoy feliz, después de 10 años tengo una pequeña cosecha. La tierra es muy dura de trabajar, eso quedó para las industrias que procesan sus semillas envenenadas. Podré hacerles limonada a los chicos. ¿Debería hacer un pie? A Pau le encanta el que compramos en el supermercado. Seguro uno hecho con limones naturales le fascinará.

Ya debe faltar poco para que lleguen. Cierto, mejor cierro las ventanas. Si Liu se entera de que las tuve abiertas seguramente se quejará por su alergia y la de los niños. Todavía creo que al mar le queda algo de poder para purificar el aire. Tengo que encender el climatizador y los oxigenadores, aspirar las colchas y sábanas para luego meterlas en la secadora. Verdad, también debo limpiar el diario que le daré a Pau, debo quitarle los ácaros. Es una buena idea, haré una lista para no olvidar nada.

¿Cuál era la clave de esto? Nunca enciendo el sistema de entretenimiento. Me conformo con los libros que me llegan de préstamo de la Biblioteca Nacional. Tengo membresía especial. Ya no conceden más y la gente muy poco se interesa en los libros. Voy a probar las pantallas para estar segura de que todo funciona bien para Teo. La mayoría de las veces no le gusta unirse a los juegos de mesa. Liu los disfruta muchísimo. Es muy competitiva en Clue. El favorito de Pau es Caras y Gestos.

Tienes razón, voy a revisar la aplicación del clima. Creo que este fin de semana no hay alerta de «marea plástica» por lo que quizás, podamos bajar hasta la playa y caminar un poco. Sí, es aburrido hacerlo con ropa y zapatos, pero no hay opción. Teo se divierte inventando historias de los objetos que nos vamos encontrando. Recuerdo una muy buena. Fue sobre una botella de estas térmicas. Inocentemente dijo: A mi maestra le encanta a veces llevar «bebidas de adultos» al salón de clase en botellas como esa. Me reí a carcajadas, pero a Liu no le causó ninguna gracia.

Cuando me quedo a solas con Paulina, le cuento alguna historia de mis días de vacaciones en el mar. Como aquellas noches que no podía dormir de la emoción y que cuando mamá entraba a la habitación a despertarme ya yo estaba superalistada. El llegar tempranísimo, antes que toda la gente, me quitaba la ropa y los zapatos y me zambullía en el agua salada. Sentir como las burbujas se explotaban bajo mis manos o la cacería de olas con mis primos y hermana. También, lo que amaba quedarme flotando, escuchando los ruidos dentro del agua.

 —Abuela eres muy, muy vieja para poder haber visto todo eso —me dijo una vez— no me imagino bañándome en el mar, es asqueroso y peligroso.

—Si cariño, tu abuela es muy, muy vieja —le dije mientras la abrazaba.

Me encanta ver a Liu observando el mar. Por un momento suelta toda su rigidez y la responsabilidad. Cuando era niña disfrutaba tanto de mis historias como Paulina. Un día le estaba mostrando mis fotografías de la sabana. Justo cuando le contaba sobre la noche más asombrosa de mi vida, donde pude ver muchísimas estrellas fugaces, tiró la caja de fotografías al suelo y se fue enfadada a su habitación gritándome:

—¡Deja de contarme mentiras de lugares y cosas que solo están en tu cabeza! Mis compañeros de colegio se burlan y dicen que eres una loca.

Daría mi vida por reparar los rotitos de su corazón y hacerla imaginar un poco.

Desconozco por qué la gente del pueblo me apodó «La loca de la Loma». Creo que puede ser por mi rutina de estiramientos en la mañana o porque soy la única que abre las ventanas. Tal vez, debería dejar de hablarle a los tordos y a los cardenales carinegros que quedan por ahí, pero cómo no agradecerles que hacen el sonido que me recuerda a mis mañanas de vacaciones.

¡La bicicleta!, lo había olvidado, voy a revisar si le hace falta un poco de aire a las llantas. Teo ama manejarla. Por usarla también me llaman loca. Soy muy afortunada de vivir aquí, fuera de los barrotes de la ciudad. En las mañanas, cuando me siento en la terraza a beber mi café, me vuelvo tan pequeña como una pelusita de la maleza. ¡Esa misma!, la que hacía picar la piel. Pero hay días donde me parece que tengo los pasos contados. Mis pies, que estaban tan acostumbrados al movimiento, ahora solo pueden ir hasta el centro a hacer las compras. Por mi edad, tengo salvoconducto de salud y desplazamiento restringido. Si voy a la ciudad corro el riesgo de morir, mis pulmones no lo soportarían.

¡Demonios, me asusté! Olvidé que había encendido el centro de entretenimiento. Es una videollamada de Liu. ¡Por favor CONTESTAR! No es que me guste gritar, pero es que a veces no funciona.

—Hola, Mamá. Espero que estés bien. Tengo malas noticias. Han declarado toque de queda este fin de semana por las olas de calor, debemos quedarnos refugiados en casa. No podremos viajar, lo siento mucho. Los chicos estaban muy emocionados de ir a la Loma y también de visitarte.

—No te preocupes hija. Lo entiendo perfectamente. Espero poder vernos pronto. ¿Y los niños?

—Ya deben estar por llegar del colegio. Debo dejarte mamá. Luego te llamo. Te amo.

—También te amo hija.

Bueno, voy a guardar los juegos de mesa. Creo que el pie de limón puede aguantar algo si lo congelo.

No, no creo. Se me han quitado las ganas de caminar por el mar. Si es triste verlo como está. Mucho más hacerlo sola.

Esto también, por lo pronto, lo voy a colocar en mi biblioteca. Yo siempre guardando cosas en mis diarios. ¿Cuál ha sido el color original de esta flor de buganvilia? ¿Qué escribí por esos días?

30 de abril de 2022.

Hoy sentí vergüenza anticipada. Estaba paseando con mi mamá a la orilla de la playa y no me pude concentrar en el sonido de las olas, mi mente se iba solo a la cantidad de plástico que había alrededor, botellas, llantas, un faro, aspas, pañales desechables, etc. Le pregunté a mi mamá, ¿Cómo le voy a presentar el mar a mis nietos?   

1 Comment

  1. Excelente MSG, todos o la mayoría zombies, somos los pocos que deseamos tener una casa en la montaña con vista al mar, de acuerdo estoy con Kareen con esta manera de describir la realidad de este presente, hace muy pocos años atrás cambiaron las cosas a mal, niños que existen sin tener amigos con quien compartir o jugar, se de niños de 9 años que no tiene amigos para jugar porque de su escuela sale a casa y aunque juega en un equipo de futbol no tiene amigos con quien jugar el escondite o fusilado. solo se limita al area de su salon de escuela o su casa donde la inseguridad no le permite estar en la calle, empresas que modifican frutas como Monsanto para crear frutas sin semillas pero si mas dulces, personas que no leen libros pero si clavan su mirada todo el día en una pantalla de pc o celular, personas cada vez mas jóvenes usando lentes, sistema donde invitan a estar enfermos porque disfrutan de descuentos por comprar medicamentos en farmacias, toques de queda para mantenerte controlado. Yo prefiero ser del grupo donde conformamos ese tipo de personas de la linea de La Loca de la Loma

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