Teléfono en mano, María Pandemia preguntaba:

¿Me habré sacado la lotería contigo, bebé? Mira que yo tengo bien claro qué es lo que voy a hacer con mi vida. Estos son mis planes.

Lo primero va a ser quitarme este nombre horroroso. ¡Qué mal trip se metieron mis viejos cuando me lo pusieron! María Pandemia “en honor” a mis abuelas, a las que adoro. Cuatro letras del nombre de cada una. Por el lado materno, Pandora, y por el lado de mi papá, mi abuela Aimé, pero al revés. Pand + emia. Nadie fuera de la familia lo sabe, a ti es al primero que se lo cuento. De aquí no sale, ¿ok?

Pero bueno, como estoy en modo confesión, ahí dándolo todo, pues sí, baby, reconozco que, después de acostumbrarme a que me vieran raro cuando escuchaban mi nombre en voz alta, aprendí a verle el flow, porque, ¿sabes cuántas yales se llaman como yo? No es como a mi prima Carmen, que cuando la llaman en la calle, voltean como siete. Y ni se lo menciones a la tía Mayllerlyn, que en su vida le han escrito bien el nombre. En cambio, todo el mundo sabe deletrearme de la primera hasta la octava letra.

Pero María Pandemia se acaba hoy, me saque o no la lotería. A partir de ahora me van a conocer de aquí al Callao como Maldita Pandita. Y así es cómo lo voy a hacer, beibi. Olvídate de reggaetón, aquí donde me ves voy a inventar un nuevo estilo bien bellaco y contagioso. Le voy a poner “pum pum”, así como dos disparos. Que lo anote bien el del registro de la propiedad, le voy a decir, pa’ que pegue igual en español y en inglés, porque pum pum va a hacer escante por todos lados, pero la torta se va a quedar es aquí conmigo.

Lanzaré mi carrera, eh… la de Maldita Pandita, de la mano de Pim-pam-pum Records con el single: No me calló ná (pum pum yeah), porque a partir de hoy dejo de morderme la lengua. La carátula va a ser lo mejor. Vacílate un close-up bien sensual de estos labios acicalados con blin-blin y logotipos finos, no una chabacanada ahí. Porque mis canciones van a estar llenas de mensajes constructivos de autosuperación.

Pero con perreo.

Eso sí, beibi, antes del pum pum voy a terminar el último semestre de administración, que me falta poquito y me hace ilusión. Y pensar que lo comencé obligada. Cuánto se vive en pocos años. Es como si hace cinco era otra mujer. Y hace diez ya es que ni me reconozco. ¿Sabías que de pequeña quería diseñar montañas rusas? Me quería ir a Florida pa’ trabajar en un parque. En mi mente yo pensaba que eso era lo que más real daba, porque me pasé el bachillerato escuchando que Disney era muy caro y que, si quería ir, que siguiera ahorrando.

Pero es obvio que eso no funcionó. Con lo que ahorré solo tuve chance de pagarles la insulina al abuelo Octavio y la operación de pulmón de la abu. Y todo pa’ que a los meses me vinieran cuatro entierros en seguidilla. Así que te prometo, Baby, que María Pandemia no va a pisar los treinta siguiendo el mismo plan.

Abran paso, que voy sin jockey.

Hoy mismito, en lo que salga de aquí, voy al car rental a plantármele al jefe y decirle que se quede con su puestucho de salario mínimo. Don Desmond, aquí María Pandemia Álvarez Rodríguez le dice que se hartó de pedir aumento. Y todo para que en seis meses me vea por YouTube con otro tipo de aumento. Fíjate si estoy clara que tengo hasta el storyboard del video de Don Diablo en el que voy a pedir backeo al Gordo Edgar para que me haga el papel de Mr. Desmond, así con su corbata de bacterias y el paltó desteñido en los codos.

Al fin voy a poner en marcha el plan que tengo pensado desde las clases de marketing estratégico del quinto semestre. Voy a convencer a mi primo Sammy para asociarnos y filotearle el local con un giro de ciento ochenta que comenzará por rebautizarlo, que eso de La Gasolina está muy pasado de moda. Las discos finas se llaman con una sola palabra: Pachá, Hakkasan, Cocorico. El mío se va a llamar Panda. Así con su logo de osito bien cuchi, porque ¿a quién no le gusta un panda? Panda suena igual en español que en inglés, y eso es ventajoso pa’ franquiciarlo en Ibiza, Las Vegas, Dubai y San Juan.

Con Panda voy a abrir una fundación para dejar de regalarle muna a los bandidos de la Agencia Tributaria, y voy a facturar por el régimen fiscal de IVA superreducido. Le voy a pasar el rolo a la competencia. No van a dar liga. Acto seguido, voy a capitalizar los recursos humanos. Pa’ fuera los tierrúos que habrá que dejar espacio a un nuevo crew bien hablado y formal. Nos vamos a reservar el derecho de admisión y pimpear una zona VIP para celebrities. Al osito lo voy a licenciar solo para orfebrería de alto kilate y edición limitada. Ya lo verás colgando del cuello de los famosos como un imancito de dinero. A fuego. Y con él vamos a atraer inversión y activar mecanismos financieros para lanzar el Panda All-Stars. Cantantes, gatos y girlas, de todos los colores y para todos los gustos.

Porque aquí viene lo mejor. En Panda solo actuarán artistas exclusivos, con Maldita Pandita a la cabeza, naturalmente. Me voy a rankiar. Va a ser una mina. A quienes se destaquen del corillo los pondré en telenovelas cariocas o mayameras. O directo en películas de PandaTv para que marquen el tra tra tra. Y los que quieran ver, que paguen. Que en esta vida nada es gratis.

Y van a llover diamantes, con los que poder mandarle un chorro de plata a los viejos y mudarlos al palacio que se merecen. Ahora, escucha con atención. Montaré un circuito de locales, cosa que la gente que quiera verme va a tener que viajar y pagar entrada. Pero no discotecas, sino hoteles-casino seis estrellas, Bebé.

Eso sí, no te olvides que todo partirá de mis canciones y futuros hits:

  1. Baila pum-pum, featuring Calvin Papi.
  2. Feel it in the dark, del disco “El antídoto”.
  3. Slow dembow, ft. Tacky K.
  4. Toíto pegaíto, ft. Cónsul 69.
  5. La cama roja, del disco “Sola (o no)”, con Wilson & Janner.
  6. Ritmo mi gente, del disco “Bendita Pandita”, y yo en portada toda de blanco, con alitas y un arpa de oro a juego con mi dentadura.

Esas canciones van a ser la demencia. Van a poner al mundo entero a parisiar. Sonarán hasta debajo de las piedras. Por los balcones. En el Metro. En los actos escolares y las primeras comuniones. Bautizos… ay, Baby. Si todo sale bien hasta el Nobel de la Paz me voy a coronar y senda medallota me voy a mandar a hacer con el premio. Atrás van a quedar los días de yakiar. Está decidido. Ahora voy a orinar sobre este test y cruzar los dedos de que no me haya sacado la lotería. Porque María Pandemia no está lista para ser mamá.

18 comentarios

Carlos, disfruté lo descriptivo del personaje, en mi cabeza corría la secuencia del monólogo de María Pandemia, me dio mucha risa cuando explica el origen de su nombre; pero luego de ese trabajo de autoestima al 1000% de María Pandemia decretando todo lo que iba a suceder con su vida, jamás vi venir ese cambio de picheo del final. La resolución del cuento es muy divertida e inesperada. Me gustó mucho mi pana. Un abrazo 🤘🏻😀

Mi primera reacción fue: “¿María Pandemia? ¿De verdad?”
Vaya forma de quitarte de encima la camisa de fuerza de la temática planteada. Buscaste una salida para escribir de lo que querías, tu personaje. Antes de seguir, llegué a pensar que tal vez ese nombre lo había elegido el mismo personaje en medio de las circunstancias globales y planteadas por el tema, pero ahí mismo lanzas esta:
“Lo primero va a ser quitarme este nombre horroroso. ¡Qué mal trip se metieron mis viejos cuando me lo pusieron!”
¿Qué padres desnaturalizados le ponen Pandemia a su hija? Aunque la explicación fue hilarante, me pareció poco creíble, conveniente. Y ahí me dije: “La forzó”.
Pero acepté el camino planteado y me lancé corrido hasta el final.
Me costó un poco, primero por la jerga y luego porque no sentía una dirección clara. Luego entró el anhelo y vi esa vida imaginada hasta su sorpresivo desenlace.
Me gustó mucho ese final.
Y bueno, yo que te conozco, tuve una grata sorpresa leyendo esto pues es totalmente opuesto a las expectativas que tenía de algo tuyo. Creaste un personaje coherente, que puedo imaginar fácilmente y que al menos para mi, representa todo un reto a la hora de escribir.

Quiero compartir anécdotas del proceso de escritura de este cuento, que pasó por muchísimos cambios hasta la versión que publicamos, por si alguien encuentra en estas líneas algún punto común que pueda serle de utilidad.

De salida, quería salir lo más lejos de mi zona de confort (tal vez por poder salir de algún lado en este confinamiento) y también sabía que no quería escribir de frente sobre el COVID-19; es más, quería ofrecer escapismo. Así inventé a una mujer llamada María Pandemia. Por ahí me dijeron que fue un poco forzado, porque ¿qué padres le harían eso a su hija? Cierto, es bien rebuscado. Pero he aquí un detalle: yo me inspiré en la historia real del periodista panameño Hitler Cigarruista, quien hace meses en una entrevista en El País contó que su padre “quería demostrar que podía haber un Hitler bueno». (https://bit.ly/hitcig). No comments.

Ajá: tenía a María Pandemia, pero no se me ocurría qué hacer con ella. Así que la dejé reposar unos días, pensando por ratos cómo sería su vida. La primera imagen que me convenció fue la de una niñez aguantando burlas por ese nombre, seguida por una mayoría de edad en la que intentaría cambiárselo. Escribí: “La gente la veía de reojo, como si pronunciar su nombre en voz alta fuese a contagiarla…” y se me apareció una nueva pieza: el cuento trataría sobre una profecía autocumplida. María Pandemia contraería un virus mortal y transmitírselo a un gentío. Se contagiaba, por cierto, comiéndose unos huevos chimbos mientras visitaba a su familia en el Zulia, porque yo sentía que el cuento pedía una importante dosis de costumbrismo. Pero no tenía final, no tanto porque no me imaginara un desenlace, sino porque no hallaba qué era lo que quería transmitir: cómo justificaba yo quitarles diez minutos del tiempo a la persona que leyera esto si el asunto no tenía alma.

Eureka.

Dos nuevos ingredientes: sería un monólogo y una confesión. La senté frente a un cura para que le soltara toda su vida… y al llegar a la penitencia probé trasladar la acción de una iglesia a una cárcel: resultaría que María Pandemia no se confesaba por gusto, sino porque iba a ser ejecutada al haber introducido el virus mortal al país. Coño, pero ¡qué deprimente! Me había desviado de mi intención de producir escapismo.

Entonces, ¿cómo cambiar el cuento sin desarmarlo todo? Cambiando de género: pasé del drama a la comedia. Me acordé del chiste de Juan Caca contado por Álvarez Guedes y tuve un golpe de suerte simultáneo: abrí Spotify y me mostró un anuncio de la rapera española Mala Rodríguez. Así que María Pandemia pasó a llamarse Maldita Pandita, futura estrella de reguetón (porque este género me aseguraba un arsenal de contenido). Googleé cuanto pude sobre los dialectos reguetoneros. No fue divertido.

Para rematar, usé el viejo truco de emplear como red-herring una frase con varios significados: “sacarse la lotería”. Si lograba desviar la atención hacia el significado literal de “ganarse dinero con la lotería”, podría llegar al final inesperado porque en realidad estaría refiriéndome a un embarazo no planificado. María Pandemia (featuring Baby) se terminó de escribir ella solita.

En resumen, para terminar mi cuento me fueron útiles:

• Tener una idea de tono, pero estar abierto a los caminos que podría tomar la historia.
• Crear un personaje y dejarlo crecer en la imaginación.
• Obviamente, no escribirlo a contrarreloj, sino dejarlo reposar por un tiempo razonable.
• Estar atento al mundo. Tratar de encajar el día a día como piezas de puzle. Unas servían, otras no.
• Salirme de la zona de confort.

Chamo, gracias por compartir tu proceso de escritura!
ebo decir que me gustó incluso mucho más que el cuento y de paso lo hizo crecer.
Te lo tomaste muy en serio y eso se nota.
Gracias totales!

Mr. Carlos! Paso a dejarte unos mensajes constructivos de autosuperación.
Pero con perreo.
Un vacilón este monólogo. En un momentico te descargas con estilo a la industria del entretenimiento. Fluye muy bien. Me sorprendió el estilo, porque yo he leído algunas cosas tuyas antes y no se me parecen. ¡Pero bien! Me hiciste acordar a Mi Abuela con eso de “parisiar”. Y confieso que hubo un par de palabras por ahí que no entendí. ¿Yakiar?
¿Qué te metiste para llegar al Aimé al revés? «Emia». ¡Genio! El gran subterfugio para burlar el tema del mes, jaja.
¡Excelente manera de comenzar Bandapalabra!

Sí, Raúl, tenía claro que si quería desahogarme de todo lo que no me gusta del mundillo musical, tenía que decirlo de una manera que resultase entretenida y probé el humor como herramienta, porque últimamente conecto más con textos graciosos y creo que el momento histórico nos pide algunas vías de escapismo.

En otro orden de ideas, así como hace quince años en Madrid descubrí el significado de las canciones de Hombres G, este cuento me develó el concepto de parisiar = Party-sear, ir de fiesta, que también me extrañaba desde aquella infame pero inolvidable canción de Wilfred y la Ganga. Ahora no hay quien me saque la canción de la cabeza, gracias.

Que buena historia. Cualquier parecido con la realidad es pura casualidad. Pienso que así como algunas chicas desde niñas desean ser Miss Universo ahora muchas también desean ser tipo Cardi B. Y me dio mucha risa el nombre de Mirjoylis.

Esta genial! Recordé en más de una oportunidad la sesión de Dismissal que hicimos con Juan, Maria sería como la prima de Jon Jairo 😉 el desenlace inesperado. Gracias por compartir tu proceso creativo.

Lo primero que llamó mi atención de este cuento es el ángulo desde el cual lo abordaste. ¡María Pandemia! Vaya ocurrencia. Sin duda ¡Qué mal trip se metieron esos viejos! Al leerlo me pregunté si no les cruzó por la mente el significado de Pandemia. Pero con una hermana llamada Mayllerlyn (¿lo escribí bien?), hasta suena bien Pandemia (quizá lo digo porque mi abuela se llamaba Lastenia y después de su muerte hasta musical me pareció aquel nombre digno de algún cuento que quizá escriba algún día).

Lo segundo que llamó mi atención fue el flow del relato, el ritmo, dirían los entendidos. Un ritmo digno de la jerga que no solo caracteriza a la protagonista, sino que nos hace imaginar dónde y con quién creció (lo que sin duda justifica el no menos afortunado Maldita Pandita).

María Pandemia parece aspirar al linaje de La Mala y Rosalía, pero con el agravante de responder a una ingenuidad encantadora que le anima a mudar a los viejos al palacio que merecen, no sin antes plantársele al jefe para ir tras su plan (pensado desde las clases de marketing estratégico).

María Pandemia está llena de ilusiones como solo puede estarlo una persona en sus veintes. De corazón deseo que al orinar sobre el test descubra que no se ha sacado la lotería porque yo, con todo lo que me cagan estos nuevos géneros, sí le daría el chance a su disco por lo entrañable que es este personaje.

P.D.: Antes o después de escucharlo le pediría a William que escriba la mejor reseña que nunca nadie hubiera escrito de un disco de reguetón, trapp, traap o como se llamen esas vainas.

Gracias por el feedback, César, y por señalar justo ese aspecto que me motivó más a escribir el cuento, que era intentar darle alma a esta chica de sueños superficiales pero de corazón sincero.

Sé que el nombre es rebuscado, principalmente porque lo usé de excusa para no tratar la pandemia de frente, pero tenía el presentimiento que la pandemia nos traería una ola de bebés con nombres rimbombante, así como cuando bautizaron a varias Yedoskas hace veinte años, y ya la realidad comenzó un poco a superar la ficción: como la niña «Covid Marie» de Indonesia. No exagero: https://elpais.com/sociedad/crisis-del-coronavirus/2020-04-29/covid-marie-un-bebe-con-nombre-de-coronavirus.html

Por último, si William quiere escribir una reseña de alguno de los álbumes de Maldita Pandita, no seré yo quien le prive de ese placer.

Muy bueno el cuento.
Lo de las distintas grafías para el baby, beibi, bebé, imagino que es a propósito y me han encantado esa caja de sorpresas de la lengua, las imágenes, el cuento de la lechera, los juegos imaginativos y el gordo de la lotería.
No sé qué pienso del final, de que la lotería que no quiere que le toque sea el embarazo. No porque no piense que tener un hijo puede ser la mayor putada cuando tienes planes, jajaja, sino porque hubiera deseado una conclusión más disparatada, más a la altura de los sueños de Maldita Pandita.
Y es que siempre me gustan las cosas disparatadas hasta el final.

Debo confesar que al principio me pareció algo desfachatado, ¿es en serio? ¿un cuento trappero que se las ingenia para salirse por la tangente del drama pandémico? Pero ya al seguir leyendo comencé a agarrarle el gusto y me simpatizó la autenticidad del personaje. Hasta sentía que la escuchaba hablar, que la veía. ¡Vaya por un momento no podía distinguir si era un relato o una canción! El flow de las palabras y frases tomaban un ritmo en mi cabeza que parecía que la narradora estaba cantando al estilo reguetón. Bien ahí.

Ya más adentrada en el humor amé detalles como que fantaseara con el gordo que va a salir en su videclip, con el nombre de su local y con su playlist de éxitos (que no me extrañaría realmente sonara en cualquier fiesta de púberes cachondos). Me gustó la forma como juegas con la palabra baby, y la ambigüedad de si es una pareja o un bebé real. Frase favorita: “Pero con perreo”.

Creo que debe ser muy valiente para un escritor animarse a dar un salto tan drástico explorando un universo que podría parecer superficial pero también encierra una profunda realidad social. Y la intrepidez de aventurarse a mudar así de piel narrativa, no cualquiera la toma. Se nota que te divertiste haciéndolo, y nosotros también leyéndolo.

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