Había una vez
...muchas maneras de echar tu cuento
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La tienda de sonrisas

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Una mujer entra a una tienda de sonrisas con el fin de encontrar una que le ayude en su nuevo trabajo.

La tienda tenía diferentes tipos de sonrisas. Me acerqué a ver una con dientes de perlas. Sin embargo, quería algo que llamara menos la atención. Nunca había sentido la necesidad de mostrarme siempre feliz. Era el tipo de persona que pasa desapercibida y no me causaba problema ser así. Hace unas semanas apliqué para un trabajo de recepcionista. No pensé que me fueran a dar el puesto, por lo que la llamada de Recursos Humanos felicitándome me sorprendió tanto como cuando descubrí que mi prometido me ponía el cuerno. Supongo que todos llegamos a este tipo de tiendas de una forma u otra.

—Hola, soy Ancel. ¿Buscas algo en especial?

El dueño de la tienda usaba la sonrisa que se anunciaba en todos los comerciales de Youtube, la Happy54. A mi parecer se veía bastante falsa, pero hoy en día la felicidad simulada es la moda. Le mostré la carta de Recursos Humanos. La leyó con atención y luego salió por una pequeña puerta. Mientras él buscaba lo que la receta recomendaba, investigué todo lo que la tienda ofrecía.

Los estantes del lado derecho estaban cubiertos de sonrisas que formaban pequeños hoyuelos en las mejillas o si querías solo podía ser un hoyito. Del otro lado destacaban los labios grandes, finos y una extraña mezcla de los dos. Algunos prototipos tenían botones para escuchar la risa que venía incluida. Contaban con una lista de precios si querías hacer un upgrade y que tu risa sonara coqueta, grave, aguda, oceánica, criminal, angelical y otras que, la verdad, me daba flojera leer. Había varias personas probándose diferentes modelos y reían mientras grababan Boomerangs. 

—Encontré dos opciones que te pueden funcionar y una más económica en lo que te empiezas a sentir cómoda.

Luego se acercó bajando el tono de voz lo más que pudo.

—He aprendido a notar cuándo es la primera vez de alguien comprando sonrisas. Te aconsejo empezar con la que te recomiendan en tu nuevo trabajo.

Las manos me temblaban, pero no había otra opción. Tomé la sonrisa económica y la coloqué sobre los labios, ajustando por dentro de la boca para que no se zafara. Se sentía como tener zapatos nuevos que aún no se ajustan a los pies.

—Intenta sonreír.

Ancel sacó un espejo y lo colocó frente a mí. La sonrisa me tomó por sorpresa. Cualquier evidencia de dolor había desaparecido. Una sensación de calor me ruborizó las mejillas y una pequeña risa se me escapó de los labios.

—Creo que te queda bien. Iré por una bolsita por si gustas guardarla en las noches.

Ancel se alejó mientras yo acariciaba mis nuevos hoyuelos. En ese momento entendí la obsesión que muchos sentían comprando sonrisas. Saqué el celular y comencé a tomar fotos de todo lo que iba a probarme en mi siguiente visita.

5 Comments

  1. Wow! Se me hizo muy divertido e intrigante de como sería de verdad una tienda así.
    En otras palabras, me encantó el cuento!!!

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