Había una vez
...muchas maneras de echar tu cuento
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El Barrenador

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Por Glen Ariza
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El gusano emergió en medio de ese olor putrefacto propio de la carne en proceso de descomposición. Comenzó a andar con el ímpetu de quien despierta y siente la vida por primera vez. Subió por una empinada cuesta. El precipicio en el que se encontraba fue alguna vez la comisura de unos labios.

Siguió su camino y se encontró con dos cuevas, restos de fosas nasales. Una intensa corriente de aire le dificultaba seguir el paso. El camino se movía. Le costaba avanzar.

El gusano levantó la mirada. Vio dos ojos mucho más grandes que él, llenos de un temblor acuoso que expresaban miedo y desesperación. El gusano avanzó y empezó a comer.

Ilustración: Erick Lara.

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