El ruido de los platos me hizo despertar. Mi esposa está arreglando la cocina. Siempre soy el primero en levantarme. Cuando una mujer se para de la cama sigilosa y decide hacerse sentir limpiando, hay problemas. Me quedaré tirado un momento, armando mi defensa ¿Qué coño hice?

Ahí está el detalle, basta que tu mujer se le meta en la cabeza que hiciste algo y todo el argumento está fijado. Mi abogado, la verdad es mi primo, me aconseja callar y dejarlas exponer sus razones, asentir con la cabeza y sucumbir. El truco está en mirarlas, prestarles atención. Nunca se gana una batalla marital con las mujeres. La felicidad radica en esquivar los dramas.

Se oye un fuerte ruido ¡Se cayó un vaso de vidrio! Espero no sea con el que bebo whisky. Me da miedo asomarme. Tengo el presentimiento de que hay algo más que una molestia caprichosa. Ya mi cumpleaños pasó, nuestro aniversario de bodas es en tres meses ¿por qué se levantaría sin decir nada como si tramara una sorpresa? ¡Fregando los platos! Puedo oler el desayuno, creo que hizo omelette, pan tostado y seguro habrá jugo de naranja. Tengo hambre y pánico.

Es sábado y suena ‘Yellow Submarine’. Me costó, pero con el tiempo logré que los fines de semana oyéramos religiosamente The Beatles. Es una canción que sueño cantar con mis hijos, cuando los tenga, si alguna vez logro convencerla de ser padres. Antes me pedía The Cranberries. Si fuese yo el que cocina le pondría ‘Forever Yellow Skies’. ¡Basta! Vuelvo a pensar, me enfoco. Hay un problema que me espera afuera, olvídate de canciones.

Elizabeth tiene esa facilidad para desarmarme con acciones. Ella es amorosa, atenta, paciente, se hace sentir cuando es necesario. Nunca hace escenas o sale con malcriadeces, pero si te reclama algo, es contundente. Nuestra relación es equilibrada. Me gusta hacer el desayuno porque me levanto temprano. Antes me irritaba esperarla para comer tarde. Le agarré el gusto por preparar la comida en la mañana, oyendo música. Hasta accedí a escuchar a Pharrell Williams.

La música se detuvo, escucho la puerta cerrarse ¡Se marchó! Voy a bañarme. Espero que en su molestia haya dejado desayuno. Vamos a reconstruir hechos pasados. Me asomo, veo que dejó un sobre amarillo en la mesa. Acabo de entrar en pánico, desconcierto, incertidumbre ¿Qué coño pasa? Todo estaba normal anoche. Hablé muy poco cuando llegué a casa, así soy yo, pero como la vi mirando Netflix, tampoco quise sacarla de su momento de esparcimiento ¿Será que debí preguntar más? ¿Acaso se hartó de mí?

“Cristales de Amor Amarillo” dice el sobre. Intuyo que hace referencia a Gustavo Cerati. Aquel disco solista inspirado en unas piedras que vio junto con su esposa en Los Roques. ¡Ojalá sean unos tickets de avión a la isla! No es el estilo de Elizabeth, sabe que odio la playa. Organizar un viaje así requiere negociaciones previas. ¿Lo abro o desayuno primero?

La experiencia me dice que, Elizabeth escribiendo un correo, es sinónimo de reclamos poéticos, misivas punzo penetrantes que dejan huellas. Ella sabe expresar amor verbal, en tu cara. Yo soy el que escribe mails amorosos por mi incapacidad de mostrar mis sentimientos frente a frente. Siento que ese sobre está lleno de candela, párrafos incendiarios, caracteres en llamas como el color amarillo que lo representa. Pearl Jam me calma. ‘Yellow Ledbetter’ es apropiado en este momento.

Desayunar solo, perplejo, inmerso en teorías irresolutas y temeroso, no era el plan de hoy. No tengo ganas de leer este sobre, ya me está poniendo de mal humor. ¿Qué necesidad hay de arruinarme la mañana con una carta misteriosa, llena de reclamos? Es el estilo glamoroso de ella. Soltar la bomba, hacer que te consumas y desaparecer para que sientas tus heridas abiertas. Percibo que, al terminar de leerla, saldré iracundo por esa puerta.

¡Afrontar la realidad! Iré a un café a mirar la gente pasar y leer esta carta. El día está colorido. Me siento como Chris Martin de Coldplay cuando canta ‘Yellow’. ¡Mentira! Es otro truco mental para olvidar el sobre. Hacer chistes ocasionales me protege de lo externo, mi método de supervivencia.

Me apetece una torta de chocolate y un té verde. La primera vez que vine a este café fue con ella. Vi los pasteles y la tranquilidad del sitio me atrapó. Ahora lo uso para escaparme, trabajar fuera de casa o reunirme. Me conocen y eso en el fondo me sube la autoestima.

Saco el sobre. Vuelvo a leer lo que dice afuera: “Cristales de Amor Amarillo”. Me asalta la melodía de la canción y en mi mente completo las frases: “No dejaré que seas fría, yo podría calentarte, para abandonarme y renacer”.

Lo abro, tomo un sorbo de té, intento calmar la sensación agridulce que me agobia. Veo unos exámenes médicos ¡Joder! No sé leer estas vainas, todo es confuso ¿Está enferma? ¿Tiene cáncer?… Hay otra hoja más pequeña, con un mensaje en marcador que dice: “¡Estamos embarazados!”

Playlist Cristales de Amor Amarillo (Spotify)

Playlist Cristales de Amor Amarillo (Plataformas Streaming)
https://lnkfi.re/amoramarillo

8 comentarios

Chamo, me divirtió mucho este cuento!
De hecho, de los que he leído tuyos en Bandapalabra, es mi favorito.
Creo que todos hemos estados en esa situación de «Qué coño hice?»
Te leo como quien lee una serie, con personajes recurrentes y un tono familiar/personal bien cercano.
Abrazo y gracias!
Voy por la playlist!
C.

Muchas gracias por este cuento, William. Me hizo sonreír desde las primeras líneas e incluso me saltó alguna risa. Creo que me identifiqué desde el otro lado: la chica en la relación. Me encantó meterme a la piel de un hombre y su sufrimiento ante la incertidumbre sobre el comportamiento de su pareja. ¡Una no se imagina que pasen tantas cosas por sus mentes! Me recordó un poco a «Mujeres» de Bukowski en ese sentido de dar voz a la mirada masculina frente a la mujer.

Siempre es bienvenido el sentido del humor, y me gustó cómo lo manejaste, de modo coloquial, fresco y honesto. Y tu sello personal musical, no podía faltar. Me gusta cómo logras integrarlo a la narrativa, de manera orgánica. Me da la sensación como si el protagonista fuera capaz de «leer su realidad» a través de referencias musicales. Cómo si las canciones fueran una especie de bloques de pensamiento a través de las cuales descodifica los estímulos que percibe de su entorno, y les brinda significado. Y se agradece el playlist para hacernos participar de ese escenario mental-emocional.

También se me hizo curioso que existan tantas canciones en torno al color amarillo. Y preguntarme si, ¿existirán tantas de algún otro color? ¿O si el amarillo será especialmente inspirador para los artistas?

En fin, disfrute mucho leerte y me da curiosidad seguir descubriendo tu original narrativa musical. ¡Un abrazo!

(Y play)

Me gustó mucho tu cuento, William. Toda la descripción de los pensamientos y sensaciones de él escuchando los ruidos desde la cama es estupenda. Ese momento cuando percibimos que algo está mal pero no sabemos bien qué es, jaja. Y el final, aún mejor.

Excelente! Cuando leo tus cuentos, de alguna forma veo reflejado a mi esposo lol! Sobre todo por su pasión a la música y a asociar situaciones a canciones. Adoré el final!

William, maravillosa la doble historia. La que sucede «en realidad» mientras el protagonista se arma (y nos narra) una película paralela. Se nota que pensaste mucho el cuento antes de escribir la primera línea, no solo por esa conducción precisa hacia el final sorpresa, sino por pequeños detalles de personalidad que le dan realismo al protagonista.
Me sigue pareciendo genial cómo desarrollas tu estilo como escritor en torno a la música. Mi única inquietud es plantearte la posibilidad de escribir un cuento original sin apoyarte tanto en canciones, y te salgas de tu zona para, de pronto escribir sobre alguien que aborrece la música, o no la entiende. Te dejo ese reto por si te apetece tomarlo.

Que lindo final!!!! Que de cosas pasaron por su mente, analizando cada momento de vivir en pareja!! Muy bueno!! Felicitaciones!!!!

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