Había una vez
...muchas maneras de echar tu cuento
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Saturado de malas noticias, un individuo comienza a vivir su vida en retroceso hacia el pasado.

III

Habrá un titular cuya realidad te enviará contra las cuerdas. El peor escenario posible. El punto sin retorno terminará convertido en noticia. Y te irás a dormir con tal aprensión hacia el mañana que amanecerás al día anterior en lugar del siguiente.

No te darás cuenta de inmediato. Aún arropado, entrarás en tu red favorita y verás fotos repetidas. Habrán cambiado de nuevo los algoritmos, pensarás sin darle mayor importancia. Y mientras tu mente cobre algo de lucidez, te encontrarás de nuevo en la habitación del hotel donde hiciste checkout casi veinte horas atrás. Podrías jurar que anoche te fuiste directo a tu cama tras llegar de viaje. Qué extraño. Tampoco le prestarás importancia.

Te levantarás a preparar un café, sin ánimo para escuchar noticias. Pero, como quien intenta no ver un accidente en la carretera, te podrá más el morbo que la voluntad y por supuesto que pondrás el telediario. Serán noticias que viste ayer, divulgadas con carácter de suma importancia, pero que, en el fondo, dicen lo mismo de siempre. En ningún canal hablarán de esa noticia y eso sí te chocará. Porque esperas que las consecuencias te confirmen lo racional que has sido al tener miedo. Solo que no hay repercusiones porque eso aún no ha sucedido.

Con una llamada telefónica, tu jefe te sacará de tu neblina mental para recordarte la presentación con clientes potenciales, seguida por la queja disfrazada de pregunta al tantear que a qué hora piensas ir a la oficina.

Dejarás tu confusión para otro momento y te irás de inmediato a trabajar. Te verás repetir la presentación que diste ayer y la bordarás. Evitarás errores y le conseguirás la cuenta a la empresa. Te invitarán a cenar en agradecimiento, aunque tus superiores se cuelguen las medallas ante la junta directiva. Poco importa, ya que no será lo más inexplicable de la jornada. A la mañana siguiente, el calendario de tu teléfono te confirmará que has despertado un día más atrás. Con ese detalle mundano, y no con una señal sobrenatural, terminarás de entender lo que te sucede: los días se suceden al revés.

¿Alguien más estará experimentando esto?, te preguntarás. Pero no vocalizarás tu duda, so pena de alienar a tus conocidos o incluso llegar a verte vestido de blanco en un cuarto a juego de paredes acolchadas. Habrías desquiciado si esto hubiese sucedido en otro año. Pero, a estas alturas, el mundo se ha retorcido al punto de que, como diría tu abuelo, ¿qué es una raya más para un tigre?

Entonces buscarás respuestas en hemerotecas, en libros de filosofía, en películas y en canciones. Llegarás a la conclusión de que la humanidad no ha pasado antes por nada parecido. En internet encontrarás mensajes anónimos de otros que se han atrevido a hablar sobre esta anomalía. Individuos que han dejado notas para «regresantes», como resulta que se llaman quienes tienen tu condición. Pero no son más que frases hechas, tipo «no estás solo» o «un día a la vez». Y los maldecirás a todos. ¿No hay nadie que tenga algo de perspectiva y pueda o quiera decirle a los demás cómo revertir esto? Quisieras quedar con una de estas personas, pero no habrá manera, porque es imposible agendar un encuentro para ayer.

Frustrado, guardarás tu smartphone en el bolsillo, no sin antes caer en cuenta de que, como sigas así, en pocos años no tendrás ni internet, ni cada una de las comodidades que das por sentado. Resignado, vivirás, que es lo que hay.

II

Los primeros días en sentido contrario serán tediosos. Nada de qué quejarse, pero nada para celebrar. Una mera repetición de la rutina que ha sido tu vida adulta. Una inercia rica en complementos vitamínicos y baja en planes desengavetados. Pero ahora tendrás la oportunidad para salir de ella.

Te tomarás un tiempo para anotar los pros y contras de ir hacia atrás. Vas a volver a compartir con tus padres. Retomar amistades y relaciones de las que te quedaste con ganas de más. Renunciar a trabajos tóxicos en lugar de haber esperado a ser despedido. Regresarás a esas vacaciones épicas que alguna vez tuviste la claridad de invertir en ellas. Comer sin reparos, como si no hubiera un mañana… vas a poder revivir todos eventos de tu pasado y te ilusionarás pensando cómo reaprovecharlos: qué hacer distinto, qué decir que en su momento callaras, qué repetir exactamente igual.

También estarás encaminado a afrontar tragedias que tu memoria selectiva había olvidado. Te llenarás de ansiedad al saber que te hallarás frente a frente con cada mala noticia que habías superado. O eso creías. Te escudarás en tu experiencia, en tener ahora más herramientas emocionales, pero tus allegados lo vivirán por primera vez, y te criticarán por impasible. Y, sin planteártelo, te irás alejando de ellos, con la cabeza demasiado ocupada en resolver asuntos nuevos para ti. Tus finanzas, por ejemplo.

Sabrás que no puedes hacerte una transferencia al pasado. Una noche dormirás sosteniendo un billete a ver si despiertas sujetándolo, pero amanecerá y estarás con lo que llevabas puesto en el pasado. Intuirás que también podrás gastarlo todo hoy, ya que, a la mañana siguiente tu cuenta tendrá el saldo del día anterior.

Eso te abrirá posibilidades. Gustos para darte, como conciertos de bandas extintas, viajar a geografías impronunciables, comprar estupideces que no necesitas pero que siempre quisiste, donar todo tu dinero a distintas organizaciones, protectoras de animales, científicas, artísticas… Cada día será una aventura. Una hoja en blanco para hacer todo lo que no te atreviste la primera vez. Aventuras que eventualmente te serán rutinarias.

Para romper la monotonía te plantearás ir más lejos. Podrías vivir un día fuera de la ley. Experimentar qué se siente robar algo. Un banco, por ejemplo. ¿Y si te matan hoy, despertarás el día antes de tu asesinato? Eso te asustará y volverás a tu rutina, a la vida conocida.

I

Con el paso de los años repararás en tu fisonomía. Habrás ido envejeciendo frente a tus allegados, quienes cada día estarán más jóvenes. ¿Lo notarán?, ¿o serás como en el cine, donde un actor joven interpreta al viejo, que solo aparece cuando el personaje se mira al espejo?

Y ahí te reencontrarás con tu ex. Ella tan joven y tú tan mayor. Y todo te incomodará. Comprobarás que tus recuerdos buenos no son tantos, ni tan intensos. Desde tu edad avanzada todo lo sentirás ajeno y desencajado. Al no ser el mismo que vivió estas experiencias comprenderás que lo que las hizo especiales fue haberlas tenido una sola vez.

Para entonces serás un espectador de tu propia vida. El protagonista de una película que no te encanta, pero de la que ansiarás reescribir.

¿Qué te trajo aquí? Miedo. Sí, eventualmente lo admitirás. No hay vergüenza en eso. Miedo a un porvenir incierto. Al fin del statu quo. A la pérdida de control. Al miedo a creer que lo peor está delante, y no detrás, de ti.

¿Realmente crees eso? Removerás tus recuerdos. Los que aún no has revisitado y los encararás hasta que se te revuelvan las tripas al saber que, en tu línea recta al pasado, ninguno quedará intacto.

Tendrás tal aprensión hacia el ayer que el universo conspirará para enviarte en sentido contrario. Así, cuando amanezcas mañana, estarás listo para recibir al día siguiente. Traiga lo que traiga.

3 Comments

  1. Como la incertidumbre de desprenderse del presente. Sentí la ansiedad de ir hacia atrás sin un plan, porque no es algo que esperas o tramas. Así vivimos el día a día, anhelando solucionar el pasado por temor al futuro. Felicitaciones Carlos, este cuento tiene ese punto de inflexión de cuando se llega a un momento de análisis interno que te absorbe el miedo. Muy ocurrente la manera de transmitirlo.

  2. Suelen decir que la depresión es quedarse viendo al pasado. Eso fue lo primero que vino a mi mente al leerte. Solemos idealizar lo que ya fue y compararlo injustamente con lo que ahora es, algunas veces de forma inconforme.
    Nunca me había planteado eso de volver al pasado pero re-encontrarme de lo que huyo, quizás siempre había fantaseado con revivir lo bueno, lo que extraño.
    Me gustó, sobre todo el giro ese de “estancarse en el pasado, por miedo al futuro” Síndrome de Peter Pan, pensé.
    Gracias por este cuento.

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